Murió a los 78 años
Harry Caray deja en silencio al beisbol
Nueva York, febrero 19.- La voz de los aficionados, el legendario narrador
de beisbol Harry Caray, murió a los 78 años de edad para dejar
en silencio al deporte sin el representante que mejor supo expresar el verdadero
significado del beisbol profesional estadounidense.
Caray, la voz oficial de los Cachorros de Chicago, consiguió demostrar
a todos que el beisbol era algo divertido y que asistir al campo para ver
un partido iba mucho más allá del aspecto deportivo o del
resultado final que se pudiese dar.
Con frases que ya forman parte de la historia del Beisbol como "Holly
Cow" y "puede que se vaya, se va y jonrón", Caray
se ganó el cariño no sólo de todos los aficionados
de los Cachorros sino del resto del país.
Después de haber sufrido un derrame cerebral el pasado día
de San Valentín mientras cenaba con su esposa en un restaurante del
área de Rancho Mirage (California), Caray no pudo recuperarse y los
doctores lo mantuvieron artificialmente hasta que el miércoles, sufrió
un paro cardíaco y falleció.
Caray completó una carrera profesional de 53 años de narrador
de beisbol, profesión que comenzó con los Cardenales de San
Luis, siguió con los Medias Blancas de Chicago, Atléticos
y Oakland y estuvo 16 años con los Cachorros.
Andy MacPhail, presidente de los Cachorros, dijo que su organización
siempre estaría agradecida por el trabajo excepcional que realizó
Caray y con su muerte el beisbol había vivido un día triste
en su historia.
En términos parecidos se expresó Jerry Reinsdorf, dueño
de los Medias Blancas, quien calificó la muerte de Caray como una
tragedia y definió su trayectoria profesional como la de un embajador
del beisbol y de los aficionados de Chicago.
"Millones de aficionados sentían un gran cariño y
admiración por la forma como Caray vivía las narraciones de
los partidos y nadie como él pudo expresar el colorido y el entretenimiento
que aporta el deporte del beisbol", destacó Reinsdorf.
Pero sí hubo algo que hizo popular a Caray fue su famoso cántico
de "Take Me Out to The Ball Game", que como un ritual hacía
cantar a todos los aficionados que se encontraban en el Wrigley Field de
Chicago durante la séptima entrada de cada partido que disputaban
los Cachorros en Chicago.
Caray, que creció en un barrio pobre de San Luis con un tío
suyo, después de haber vivido hasta los 8 años en un orfanato,
siempre se definió como un profesional honesto y que no tenía
más objetivo que hacer feliz a los aficionados.
"Creo que los aficionados me van a recordar como la persona que
trajo algo de diversión mientras trasmitía los partidos y
aún los detractores tendrán que admitir que he sido siempre
una persona honesta", declaró Caray en 1994.
Los críticos deportivos siempre calificaron a Caray como el profesional
que mejor sabía narrar los finales de los partidos en los que el
resultado estaba sin decidir y había la posibilidad de un doblete
o triple contra la pared para terminarlo.
Inclusive cuando los partidos no tenían emoción o estaban
lentos en sus acciones, Caray aportaba las historias suficientes para que
los aficionados se sintiesen motivados.
Caray fue introducido al Salón de la Fama en 1989 al ganar el
premio Ford C. Frick que se otorga por la labor realizada dentro de la televisión.
Desde 1987, que sufrió el primer derrame cerebral, Caray había
tenido problemas con la narración el confundir los nombres de los
jugadores, pero los aficionados de los Cachorros no permitieron que se retirase.
Otra de las originalidades de Caray fueron las cláusulas que tenía
en los contratos de trabajo y en las que establecía bonificaciones
en base a la asistencia de público que fuese al campo, algo que en
la mayoría de los años le permitió tener más
ingresos que por el salario que cobraba.
Con la muerte de Caray la voz de los aficionados quedó silenciada
dentro del beisbol. (EFE)
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