opinión
Valencia, 16 de Marzo de 1998


 

Editorial
Notitarde
C.A.

Hombres y hechos de este siglo

16 de marzo de 1978: La muerte de Renny Ottolina

Juan de Dios de Sánchez

El 16 de marzo de 1978, cuando cubría la ruta entre Maiquetía y Porlamar, murió el popular animador de la televisión venezolana Renny Ottolina, quien como precandidato recorría el país buscando su postulación presidencial.

La alta popularidad de Ottolina, así como las múltiples variables de aquella inquieta época electoral, causaron una intensa polémica alrededor del infortunado accidente que costó la vida a varios honorables compatriotas. Se llegó a señalar que el gobierno de Carlos Andrés Pérez estaba muy interesado en hacer desaparecer a quien podría ser el principal opositor a la fórmula electoral que apoyaba Miraflores.

El lamentable hecho fue aclarado: en una zona montañosa intrincada, a 16 kilómetros al sur de Tanaguarena, en la zona conocida como la Loma del Medio y concretamente en el sector Las Mercedes, departamento Vargas, se estrelló la avioneta Cessna 310 a bordo de la cual viajaba el precandidato Ottolina.

La nave, desaparecida desde la tarde del jueves 16 de marzo, estaba identificada con las siglas YV1910P y era ocupada, para el momento del siniestro, por Renny Ottolina, el periodista Ciro Medina, el abogado Carlos Olavarría, el productor de televisión Luis Duque y César Oropeza. La aeronave era piloteada por el abogado Carlos Oropeza.

Las labores de ubicación del pequeño aparato se iniciaron apenas se conoció de su desaparición del control de Maiquetía. Suspendidas, a altas horas de la noche del 16 de marzo y a la una de la tarde del 21, en el sitio señalado fue avistado el amasijo de hierro que era lo que quedaba de la avioneta.

Debido a lo difícil de la zona fue necesario instrumentar un operativo de rescate que incluyó además de la construcción de un helipuerto y la movilización del grupo especializado Gato de la Policía Técnica Judicial, cuyos miembros fueron lanzados atados por cuerdas a los helicópteros. De este modo se inició el penoso rescate que ponía fin a la larga y tenaz búsqueda que incluyó el rastreo de grandes zonas marítimas. La búsqueda en tierra, por descarte de la zona marina, dio como resultado el hallazgo.

Ottolina, brillante locutor y animador de televisión, siempre atento a los problemas del país y dotado de una natural inclinación al servicio social, conocedor de la psicología de la muchedumbre, había alzado su condición de hombre común y decente como aval para su candidatura presidencial. Inspirado en la democracia participativa, en el estricto cumplimiento de las leyes y en la decencia individual y colectiva, se perfilaba como un fenómeno natural que, electoralmente hablando, era un enigma aunque de una innegable capacidad de arrastre y popularidad nacional.

Su muerte, que causó una honda impresión, fue tema de múltiples interpretaciones, las que finalmente se disiparon ante la cruel certeza de un accidente fatal.

 

 

 


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