Valencia, 29 de Junio de 1998 |
Notitarde C.A. |
El paso de la historia Laura Antillano
El discurso de Salvador demostraba una precisión en el uso de las palabras que sólo la demuestra un escritor de su talla, cuyo oficio se demuestra día a día en la prensa diaria, y se constata continuamente en la publicación de sus títulos de ficción, incansables. Encuentro en el contacto con Salvador la presencia inalterable de un ser humano inteligente y sensible, con una visión de nosotros todos como habitantes del mundo cuya lucidez siempre me conmueve. Con frecuencia, cuando cuento a mis amigos, lo que significó una breve temporada en Alemania, dentro de un grupo de escritores, invitados todos por una Universidad allá, que una de las cosas que me resultaban más gratas era desayunar con Salvador y escucharle relatar cosas, o simplemente conversar. Textos como: "Días de Ceniza", "Los Habitantes", "Memorias de Altagracia", "Enmiendas y atropellos", "La Mala Vida", los cuentos de "El inquieto Anacobero", "La gata y la señora" o "Hace mal tiempo afuera" son textos lo suficientemente significativos para que consideremos una escritura notable, cuyo destino sea la permanencia entre nosotros. Con frecuencia cuando se cuestiona la narrativa venezolana (generalmente por desinformación, desconocimiento general) abandero la obra de Salvador, que difícil es en este país que se produzcan reconocimientos reales de la valía de obras o gente! cada día más la autenticidad se ve sustituida por la edificación de estatuas de barro, sustentadas en el mercadeo y su relación con la política, en términos definitivamente tristes. De todo ello se olvida una al leer a Salvador Garmendia. La crónica de esos setenta debería ser guardada para leerla como síntesis inteligente y sensible de lo que han sido estos últimos setenta años para Venezuela y para el mundo. Salve Salvador!!
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