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Valencia, 24 de Octubre de 1998



Editorial
Notitarde
C.A.

Nela Ochoa, artista invitada al 56 Salón Michelena:

"La cultura es una de las pocas cosas que sí funcionan bien en Venezuela"

Vicente Gramcko

Nela Ochoa es una artista afortunada. Fue electa entre un grupo de creadores para formar la primera sección de invitados en la historia del Salón Michelena, considerada la más importante y antigua de las confrontaciones en el país.

En un diálogo simpático, la entrevistada nos habla sobre la polémica obra que trajo al salón, nos dibuja al venezolano de hoy y, además, da su opinión sobre los salones nacionales, al extremo de decir que "la cultura es lo mejor que funciona en el país".

Pero, veamos la entrevista.

- ¿Qué sientes al ser invitada al salón?, preguntamos para comenzar.

- Para mí es un gran honor ser invitada al Salón Michelena, en el cual participé en el año de mil novecientos ochenta y siete y gané uno de los premios de arte no objetual. Luego de eso, no volví a estar y ahora soy invitada, lo que considero un honor, por cuanto somos pocos en esta condición, indicó Nela Ochoa al comenzar la entrevista.

Para un momento especial, se requiere una obra especial. La pieza enviada por ella al salón es una de las más comentadas por los asistentes. Está ubicada, precisamente, en la sala "Luis Eduardo Chávez" del Ateneo de Valencia que es la primera de todas. Es la que muestra un video en el que se ve a varios modelos con gestos muy "masculinos".

UNA OBRA DE GRAN ENVERGADURA

- ¿Puede hablarnos de esa obra?

- Recoge un tema sobre el cual he venido reflexionando desde hace mucho tiempo. La he ido cambiando, por supuesto. Y, precisamente, la ocasión de presentarla era en un salón donde no pudiera tener censura. Además, es una pieza muy grande, muy compleja de hacer. Creo que va a traer bastante "roncha". Se llama "Una obra de gran envergadura", nos dice.

Indicamos que hay dos temas que se nos ocurren tocar en este punto de la entrevista. Uno es, naturalmente, el de la obra en sí; el otro, es el de la censura en los salones, que la misma entrevistada señaló, pero que decidimos dejarlo para más adelante.

- Nos interesa, por ahora, que nos hables de la pieza, apuntamos.

- Es una video escultura y la bauticé con esa frase, tomando en cuenta lo que dice Luis María Molinero, en su Diccionario de Autoridades, del año 1600, en relación a su significado. Señala que esa frase fue usada, por primera vez, en el contexto de un discurso político y se sigue usando mucho en los discursos de este tipo.

- Pero, ¿cómo es la pieza?

- La obra es un obelisco, forrado en látex; la base es de mármol. En esa base, se leen tres palabras: fuerza, respeto y autoridad. El video, que va inserto en la parte frontal del obelisco, es una especie de diccionario gestual sobre gestos congenitales masculinos. Básicamente, la idea es un poco plantear la cuestión de la masculinidad desde el punto de vista del poder, del respeto, de la autoridad, de la fuerza. Es decir, todo lo que el ser hombre representa; pero, también, un poco sobre todo, desde el punto de vista del arte: reflejarlos. Es decir, los artistas se han inspirado en la mujer, para reflejarlas, para decir cómo es; para hacer que ella se vea. En este caso, yo quería que ellos se vieran. Claro, por supuesto que hay mucho de ironía y de burla; pero, también es un hecho que el poder y, más que todo, el poder político está investido de esa masculinidad, que es tan notoria, indica.

Sigue hablando, suelta, orgullosa de su obra. Y, sobre todo, de su análisis de los hombres.

- Después, hay otra cuestión respecto a lo gestual: los hombres no están acostumbrados a mirarse a sí mismos, sino siempre a ver a la mujer. No se dan cuenta, por ello, que hacen una gran cantidad de gestos, que las mujeres casi que ignoramos y miramos como a otro nivel. Entonces, ésta era una ocasión para "ponerles ese espejo por delante", apunta.

Entonces, le recordamos el tema de la "censura" que ella misma había tocado minutos antes.

- ¿Te han censurado alguna vez en un salón?, preguntamos.

- No me refiero a una censura en torno a la calidad de la obra. Es decir, que pueda ser buena o mala y que la vayan a rechazar por esto o por lo otro, sino que es, precisamente, una pieza que puede traer mucha "roncha". Si tú ves el planteamiento, te das cuenta de lo fuerte que es.

En el momento de hacer la entrevista a Nela Ochoa, el salón no había sido inaugurado, por lo que no habíamos visto la pieza. Nos limitamos, en ese momento, a leer el proyecto de la obra, que es bastante descriptivo del trabajo. Nos detuvimos en la frase "rascarse los genitales". Y nos dimos cuenta de lo "fuerte" de la cosa.

- Te das cuenta entonces que enviar eso a un curador, en un museo, es como para que se piense en "censurar"...

- Pero, ¿este trabajo es parte de tu búsqueda normal?, preguntamos.

- Yo siempre trabajo con gestos. Desde mil novecientos ochenta y cinco estoy trabajando con lo gestual. La obra que ganó premio, que se llama "Invernadero", era un estudio sobre la gestualidad de unos seres del futuro post nuclear donde iban a estar muy encerrados, viviendo en sótanos, recogiendo pedazos de vajillas antiguas que ya no se hacían. Es decir, siempre hay un estudio de la parte gestual, porque yo soy de base coreógrafa, por lo que mezclo mucho la cuestión de la danza en mis obras.

EL GESTO A FINES DE SIGLO

- Pienso que es importante porque, hoy en día, a pesar de que hay muchos avances en los medios de comunicación, el gesto ha pasado a un segundo plano, porque, si te pones a ver, en internet no hay gestos, en el fax, tampoco. Es decir, parece que el lenguaje del cuerpo ha desaparecido, poco a poco. Desmon Morris, quien hizo el libro El Hombre al desnudo (después de escribir su célebre El Mono al desnudo) hizo un estudio, a mitad de los setenta, sobre la importancia de los gestos del ser humano, del lenguaje de los cuerpos. Cuando leí ese libro, aprendí mucho sobre la tipología de las personas, sobre todo porque hay muchas fotografías. Ahora, en una sociedad donde el gesto desaparece, ¿estaríamos ante un proceso de "deshumanización", si se puede utilizar el término?. ¿El mismo hombre nos quita al hombre ?, inquirimos.

- Sí, evidentemente, una persona que está sola, en un cuarto, frente a su trabajo, que es el computador y el teléfono, no llega a tener ningún contacto humano directo; pero, las sociedades son un conglomerado humano y esos humanos terminan relacionándose. Cuando va a la panadería, al entrar a la oficina, al salir. Allí hay todo un discurso gestual que está a nivel inconsciente y que permite, a las personas sensibilizadas con ese código, leer informaciones de esa persona que, a lo mejor, no está consciente que está dando, respondió.

A esta altura de la entrevista, recordamos que, en una oportunidad, entrevisté a un artista que dividía sus obras en personajes (la parte física del cuerpo) y en invasores (que es el espíritu), los unía y de allí salen los "personajes II". Yo intuí, durante la entrevista, que hacía esto porque su padre es médico y su madre psicólogo, por lo cual estuvo acostumbrado a ver ambas caras de la moneda y diferenciarlas desde muy niño. El me agradeció la observación y quedó sorprendido por el análisis. Digo esto, le señalo a Ochoa, porque sé que muchos psicólogos hablan de un complejo que supuestamente tiene la mujer y que se desarrolla cuando se da cuenta de la ausencia de un falo en su cuerpo. ¿Hay algo de eso en tu obra?, preguntamos.

- Te puedo decir que de lo que sí hay complejo, por la ausencia del falo, es la ausencia de respetabilidad, autoridad y fuerza que puede significar la presencia de una mujer inserta en una sociedad. Ahí creo que sí hay una envidia; pero, más una envidia de lo que representa el hombre dentro de la sociedad, porque la mujer, sencillamente, no ha ocupado esos roles y no por otra cosa, porque -personalmente- pienso que el cuerpo de la mujer es muchísimo más completo que el del hombre, respondió.

- ¿Tus modelos masculinos se prestan para aparecer mostrando su rostro o sólo aparecen de la cintura para abajo?, preguntamos (hay que recordar que no habíamos visto la obra). Indicamos, más adelante, que -en el caso de la mujer- ésta es muy coqueta y le gusta salir completa en desnudos o en retratos donde se insinúa o se muestra sin tapujos su femineidad.

- Culturalmente, la mujer está más acostumbrada a ser mirada. Esa es una de las razones por las cuales sucede que el hombre no muestra su rostro. Ahora, mis modelos no están desnudos, están vestidos, porque lo que hacen es presentar sus gestos cotidianos: es la manera como ellos pueden meter sus manos en el bolsillo y rascarse, pensando que la gente no se da cuenta.

- Y tú los captastes en la calle?

- Ah, no. Yo los traje a mi casa, uno por uno, y les fui proponiendo las poses. Cada quien hacía su versión, dijo.

En ese instante, le recordamos que -ese mismo día- en un diario nacional, tres artistas famosos de televisión salían haciéndole propaganda a un espectáculo pintándole "la señal de costumbre", para utilizar un término que no sea censurable, ni por el corrector, ni por el lector. Nos referíamos a Cayito Aponte, Laureano Márquez y Claudio Nazoa.

- ¿Por qué piensas que el venezolano tiende a utilizar muchas palabras obscenas y a tener esos gestos que tú muestras en tu pieza?

- Eso pasa en toda América Latina y también en España. El español es muy grosero, es -en realidad- un grosero divertido.

LOS SALONES EN VENEZUELA

Saliéndonos del tema de la obra, la cual puede ser admirada por el lector en el Salón Michelena, entramos entonces al tópico de los salones en sí.

- ¿Cómo ve Nela Ochoa el cambio del milenio en la historia de los salones?

- En general, pienso que la cultura es una de las pocas cosas que funcionan en Venezuela. Creo que cada día hay más salones en todas las ciudades del país. No sólo en artes plásticas en general, sino de artes del fuego, escultura, fotografía, diseño, arquitectura, etc. Eso, me parece muy sano porque eso da la opción, sobre todo en gente desconocida, de jóvenes, de nuevos valores, de presentar sus trabajos y eso significa que siempre hay una mayor diversidad, que es donde está la riqueza, en forma definitiva. Por eso, pienso que es positivo que haya muchos salones en todas partes del país. Me parece que si la educación y la salud funcionara como lo hace la cultura, no había problemas en el país. La gente debe tener la mística que tenemos los artistas para trabajar, porque lo hacemos casi siempre sin dinero y sin formar para recuperarlo, dijo.

- O sea, que los artistas no se echan aire en las "b...", dijimos tomando una de las palabras que ella misma tiene en el proyecto presentado.

- No, no nos echamos aire (risas).

- Pero, los dirigentes culturales sí parecen que están echándose aire porque han rebajado bastante los presupuestos destinados a la cultura, ¿no crees?

- Fíjate lo que yo pienso: los han bajado mucho y eso ha limitado muchos eventos, bienales y exposiciones. A mí me han atrasado exposiciones que eran para este año o para el que viene. Pero, también es verdad que, a veces, esos organismos, los museos o institutos, empiezan a crecer de una manera desmesurada y hay millones de empleados que funcionan adentro y el dinero para pagar esos empleados no permite que los artistas tengan presupuesto para trabajar. Es decir, esas instituciones sirven para mantener una inmensa burocracia. Cuando le reducen los presupuestos, no se ponen a mirar a esos empleados, muchas veces sin hacer nada en unas oficinas, sino que le quitan el dinero a las exposiciones.

 

 


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