opinión |
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Notitarde C.A. |
Venezuela, los hombres y los hechos A 210 años del general Rafael Urdaneta Juan de Dios de Sánchez El 24 de octubre de 1788, hace 210, nació en la ciudad de Maracaibo, estado Zulia, uno de los líderes fundamentales del proceso venezolano de la emancipación, el general en jefe Rafael Urdaneta, personaje estelar a quien el Libertador, entre muchos otros títulos con que lo bautizó, llamó el Brillante por su notable desempeño, probada virtud republicana y honda lealtad, a toda prueba, a la causa de la libertad. Urdaneta forma, al lado de Bolívar, Sucre, Miranda, Páez, Piar, Ribas y otros ilustres paladines, la vanguardia singular de aquella generación que nos dio la libertad, creó nacionalidades libres donde imperaba la tiranía y abrió, a los ojos del mundo, la certeza de la revolución venezolana en su justa dimensión y alcance. De Urdaneta asombra su actividad, y la narración de sus hazañas requiere de mucho tiempo para poder ser apenas referidas. En su hoja de servicios militares aparecen 20 batallas campales ganadas, siete pérdidas, siete veces sitiador y dos veces sitiado. En fin, son innumerables sus acciones bélicas e incontables las escaramuzas en las que hubo de participar. En todas sus actuaciones políticas, su figura se destaca por la ética y mística que puso en cumplirlas; la moralidad y la sinceridad como polos esenciales de su conducta y la suma de sus propios valores que lo inmortalizan. Urdaneta es la lealtad, el valor personal, la dignidad y la sinceridad. Prodiga a manos llenas estrategia, valentía, austeridad y su presencia califica al ambiente y lo perenniza. No se le descubren, a lo largo de su abundante carrera pública, ni vacilaciones ni infidelidades, y para prueba de ello basta que, como un homenaje a su amplísima hoja de acciones, recordemos el episodio de Valencia cuando, en magnífica referencia de inmortalidad, Bolívar le ordena defender Valencia hasta morir. Urdaneta joven, de 25 años, con apenas 280 fusileros, resistió el acoso del ejército realista de más de tres mil hombres comandado por Ceballos. En aquel escenario con el río tomado por los enemigos, con el pueblo hambriento, sediento y temeroso y con su ejército minado de necesidades, resistió los días terribles del sitio realista. Defendió la ciudad hasta el límite de la fuerza física, hasta que, haciendo acopio de valor y sagacidad, logró confundir a los realistas y romper el cerco que lo asfixiaba. Asombra también en Urdaneta su concepto de jamás mancillar su pulcritud y honestidad. Vemos cómo después de ser general en jefe del ejército, senador en varias ocasiones, ministro de guerra, gobernador de provincia y presidente de la nación, no tiene vergüenza en asumir funciones como vendedor de leña en la Goajira, labrador en Cumarebo y vendedor ambulante en Curazao. Prócer puro, inmaculado, a quien tantos elogios se han hecho en su bicentenario de nacimiento, tengámoslo, intenso y nuestro, todos los días.
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