Valencia, 5 de Enero de 1999





Editorial
Notitarde
C.A.

 

El proceso democratizador

Fernando Chumaceiro

Se nos ha enseñado que no hay un modelo único de democracia. Lo que hay son procesos democráticos.

Con el nuevo año se inicia en Venezuela una nueva fase de su proceso democrático, con nuevos actores y nuevos libretos. Una etapa más dinámica, con movilizaciones sociales más aceleradas, conscientes y profundas, porque así como a los seres humanos se les altera su metabolismo por efectos de la hipertensión arterial, así también, en determinadas circunstancias, el metabolismo colectivo se hipertensa en sus niveles mínimos y máximos, generándose un aceleración de la historia, que suscita temores en unos y esperanzas en otros.

La esperanza nace en los excluidos y en aquellos quienes, sin serlo, se sienten solidarios con ellos. Los temores se anidan en la mente, en el corazón y en el alma de los que saben que algo o mucho de lo que tienen les corresponde en justicia a otros.

El artículo primero de la Declaración Universal de los Derechos Humanos establece que "todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos"; sin embargo, en Venezuela existen millones de adultos que todavía son analfabetos y miles de niños que no reciben instrucción alguna. A ese mundo pertenecen también los atrapados en la pobreza, los desempleados, los excluidos, o mejor dicho, los expulsados por el Estado y por la sociedad, sin perspectivas de futuro. Son los desheredados de la esperanza.

A ellos se agregan aquellos niños incorporados a un sistema educativo sobrecargado de alumnos que arrastrando vicios y deficiencias, saldrán del sistema con conocimientos limitados, sin estar debidamente preparados para enfrentar los retos tecnológicos del mundo contemporáneo.

Por todo ello -y por mucho más- si la historia ha de despertar este año en nuestro país, que una de sus primeras auroras ocurra en el sistema educativo. Cansados de talar y quemar selvas y bosques, los venezolanos tenemos varias décadas quemando seres humanos en las hogueras de la ignorancia. Muchos de esos incendios ocurren en las escuelas. Una vez me fue referida una anécdota atribuida a Bertrand Russell, según la cual, al ser interrogado sobre cuál era a su juicio uno de los más graves problemas de su país, respondió: "El más grande de nuestros problemas es que muchos de los que nunca llegaron a aprender se han dedicado a enseñar". Este, por supuesto, no es el único problema, pero es uno de los más importantes. En otras palabras, si el sistema educativo no cambia, el país seguirá en igual o peor situación.

Otro campo de movilización social debería producirse en el sector de la justicia, palabra que en Venezuela carece de contenido. La Constitución señala en su preámbulo que uno de sus fines es "mantener la igualdad social y jurídica, sin discriminaciones derivadas de raza, sexo, credo o condición social". Todos sabemos que la igualdad ante la ley no existe en Venezuela. Por lo tanto, no habrá cambios si no cambia la estructura del sistema judicial, si los jueces no actúan dentro de marcos éticos, recordando que habrá un día en que ellos serán juzgados. En una democracia la justicia significa igualdad ante la Ley. Eso es, precisamente, lo que nunca ha existido, pues aquí las excepciones terminan siendo la regla y ésta, la excepción. En nuestra cultura el poder se contempla, no como un servicio, sino como un distribuidor de excepciones, un dispensador de favores. En Venezuela el poder no está subordinado a la ley, es el sistema de justicia el que está subordinado al poder.

El proceso de democratización está aún muy lejos de haberse consolidado. Una cosa es convocar a elecciones cada cinco años y otra cosa es un proceso de democratización social. En el país se han dado elementos fundamentales para una democracia, como son las elecciones periódicas, la alternabilidad, la representación proporcional de las minorías, entre muchas otras, todos ellos enmarcados en la democracia representativa que tenemos, pero no ha existido un auténtico proceso de democratización social, pues de haber existido, el poder político, la riqueza económica y las competencias administrativas, en vez de concentrarse, se hubieran descentralizado y el empobrecimiento y las variadas formas de exclusión no hubiesen llegado a la situación escandalosa en que se encuentran hoy. Las élites dirigentes confiscaron la democracia, reservándola para sí mismas.

En el fondo lo que se inicia en este nuevo año es una revitalización del proceso democrático. Lo que está naciendo es un nuevo modelo socio-político. En Venezuela la historia tiene en este momento dolores de parto. El nuevo orden que surja debe ser para aumentar la libertad, alcanzar la justicia y vivir con más dignidad.

 

 

 

 

 

 


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