Valencia, 16 de Febrero de 1999


Editorial
Notitarde
C.A.

Falleció en un accidente vial

Hoy se cumplen 14 años de la muerte del cantautor falconiano Alí Primera

Caracas, febrero 15.- La madrugada venezolana del 16 de febrero de 1985 fue sacudida por una terrible noticia: El pecho del cantor del pueblo venezolano, Alí Primera, había quedado triturado en un absurdo accidente de tránsito en la autopista Valle-Coche.

El dolor acompañó aquella muerte inesperada, pero casi tres lustros después quedan, como ha dicho Luis Mariano Rivera, el ejemplo de quien "cumplió su misión y ha sido el más grande de los cantores comprometidos que ha tenido nuestra patria".

Nacido el 31 de octubre de 1942, Alí afirmaba que había aprendido a cantar "en el vientre de mi madre". A temprana edad ejerció el oficio de limpiabotas, con un cajón ganado en un concurso de poemas.

"Balikia", como lo llamaban en el seno familiar, estudió su bachillerato en el liceo Caracas, para luego ingresar a la Facultad de Ciencias de la Universidad Central de Venezuela, en la década de los sesenta, cayendo preso en la Digepol, donde escribe su primera canción de contenido social, de acuerdo con sus revelaciones: "Humanidad".

Luego, en la clandestinidad, grabaría un disco del cual se recuerdan, entre otras, canciones como "Yo vi llorar a un viejo" y "Estrella roja", antes de partir a Suecia con una beca de estudios.

Retorno en 1973, involucrándose en los acontecimientos que en el país se desarrollaban en ese momento. Cinco años después, creó, junto a Luis Cipriano Rodríguez, entre otros, los comités por la unidad de los pueblos (Cup). En el '83, fue candidato a diputado por los estados Lara y Zulia, respaldando la candidatura presidencial de José Vicente Rangel. De Ahí saldría una de sus canciones insignias, "La patria buena".

Firme en sus compromisos, con un espíritu solidario, inquebrantable y unos planteamientos que no se quedaban en la teoría, sino que extendían a la práctica, Alí Primera inició con su canto, desde la década de los 70, un movimiento que Gloria Martin, en su libro "El perfume de una época", define como "La nueva canción de Venezuela".

Su aporte se dio en todos los sentidos, tejiendo la poesía que resumía en su canto y generando ideas y estrategias. Detestaba que a su canción y a la de sus compañeros se le calificara como "de protesta", por lo cual señaló alguna vez que comulgaba con "la canción necesaria".

Cristiano, bolivariano y marxista, señalaba que "Me bendice Dios y me orientan Bolívar y Marx". Ello mismo lo llevó a impulsar, con motivo del Bicentenario del Natalicio del Libertador, en 1983, la canción bolivariana, la misma que hoy los cantores del país, como movimiento, rescatan para el próximo 24 de julio.

Jamás llegó a cobrar un centavo por sus presentaciones, de hecho, se convirtió en el único artista venezolano que se mantenía exclusivamente con la venta de sus discos. "Mi único patrimonio -decía- son mis amigos y mi familia".

Excelente hijo, padre y esposo, dejó siete descendientes, dos hembras -una de ellas periodista- y cinco varones. Dijo, en alguna oportunidad, que se sentía, por encima de todo, militante de los sueños y era un ferviente cultor de la esperanza, como lo reflejan la mayoría de sus canciones.

Objeto de numerosos atentados y llegando a su más alto nivel poético, la canción de cierre de su último disco, "Entre la rabia y la ternura", presagiaba -sin el sospecharlo- en 1984, su despedida prematura, cuando en "Camarada" decía: "y al tener los cuatro metros/ De mi tierra liberada/ Pido que mis camaradas/ Me despidan con canciones/ Flores Rojas/ Puño en alto/ Y me prometan seguir luchando /Por la alborada/ Que también es camarada".

Hoy, en los catorce años de su siembra, no puede olvidarse lo que el mismo escribió en un remitido, a raíz de uno de esos atentados: "no sólo de vida vive el hombre".

La historia, sin dudas, lo ha demostrado. Alí Primera ha traspasado los umbrales de esa vida y por eso su canto, su ejemplo, se pueden percibir en todos los rincones de la patria. No en vano cantó alguna vez: "los que mueren por la vida/ No pueden llamarse muertos".

Por eso, hoy más que nunca, también está prohibido llorarlo. (VENPRES/Jimmy López)

 


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